“Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.
Uno de esos terrenales instantes
a los que se pide que duren”.
Wislawa Szymborska

Hay un mundo hecho de libros. Y en ese mundo, una lectora y escritora encuentra a Ester Felipe. La Jesenská, El silencio, Reflujo… Cada libro abre un nombre, una sobreviviente y una amistad. Yael Noris Ferri ensaya desde ahí, desde la lectura como forma de buscar a los que faltan.
Por Yael Noris Ferri
A veces las personas usan formas para estar en el mundo. Puedo declarar frente a ustedes que para mí, la única forma de habitar el mundo, fueron los libros. Si pienso en un mundo hecho de libros, la primera obra que recuerdo es el Fausto de Goethe, mi pieza teatral favorita porque nos invita a interpelar la realidad. Les
comparto un fragmento:
“Ay, he estudiado ya Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también, por desgracia, Teología, todo ello en profundidad extrema y con enconado esfuerzo. Y aquí me veo, pobre loco, sin saber más que al principio. Tengo los títulos de Licenciado y de Doctor y hará diez años que arrastro mis discípulos de arriba abajo, en dirección recta o curva, y veo que no sabemos nada. Esto consume mi corazón. Claro está que soy más sabio que todos esos necios doctores, licenciados, escribanos y frailes; no me atormentan ni los escrúpulos ni las dudas, ni temo al infierno ni al demonio. Pero me he visto privado de toda alegría; no creo saber nada con sentido ni me jacto de poder enseñar algo que mejore la vida de los hombres y cambie su rumbo. Tampoco tengo bienes ni dinero, ni honor, ni distinciones ante el mundo. Ni siquiera un perro querría seguir viviendo en estas circunstancias. Por eso me he entregado a la magia: para ver si por la fuerza y la palabra del espíritu me son revelados ciertos misterios; para no tener que decir con agrio sudor lo que no sé; para conseguir reconocerlo que el mundo contiene en su interior; para contemplar toda fuerza creativa y todo germen y no volver a crear confusión con las palabras (…) Cercado por cofres y retortas, arrojado por instrumentos y trastos de los antepasados. Este es tu mundo, ¡vaya un mundo! ¿Y aún te preguntas por qué tu corazón se para, temeroso, en el pecho?”
Goethe el más sabio, el creador de mundos, dirá más adelante una frase tomada por varios poetas: “Detente instante, eres tan bello para existir”.


Entonces, hay un mundo, un libro y un instante.
Mi instante se llama Ester Felipe de Mónaco. Ester era psicóloga, militante y madre. Fue secuestrada y torturada en la dictadura cívico militar de 1976. Los militares la mataron y enterraron su cuerpo en una fosa junto a otros jóvenes. Antes de conocer a Ester llegó a mis manos un libro. El libro se llama La Jesenská y lo escribió la amiga de un amigo que ahora también es mi amiga, Ana Arzoumanian. Cuando terminé de leer la historia me quedó subrayado su nombre: Milena. Ana escribe sobre Milena que vive y muere en un campo de concentración. Ana me lleva a la memoria de los campos donde los cuerpos de mujeres, hombres y niños eran secuestrados, les colocaban un número, los uniformaban y los encerraban para matarlos luego. Sin ser judía, allí entra Milena, con una estrella amarilla colgada en su chaqueta. Se hace de una amiga y recupera algo de lo singular de cada mujer. La matan y le entregan a su padre solo un diente que queda de ella.
Al poco tiempo de leer el libro me llamaron del Colegio de Psicólogos de la sede de la Ciudad de Villa María para hablar sobre Memoria. Ahí me contaron quién era Ester Felipe y sobre una biblioteca que lleva su nombre. Pasé meses leyendo sobre el día que Ester fue secuestrada, sobre sus gustos, sobre su hija Paula, sobre su amado Luis Mónaco.
Un día me llegó otro libro, su autora se llama también Ana. Justo esta mañana me llamó (es que siempre es un milagro lo que me pasa con los libros). Ana Iliovich escribió un libro que se llama El silencio. Postales de La Perla. Ana cuenta su testimonio: “Hoy muestro, sin ninguna pretensión de universalidad, el pedacito de verdad que puedo contar del horror absoluto, de la máquina de matar que morí y sobreviví en Córdoba, en La Perla, durante esos años que no terminan nunca. Que nunca terminan de terminar”. En otra entrevista declara que en el juicio de la Megacausa conoció al matrimonio de Ester Felipe y Luis Mónaco. Transcribo las palabras de coraje de Ana:
“Iliovich nombró al matrimonio Mónaco-Felipe. Los habían secuestrado en Villa María, donde Ester y Luis acababan de tener una bebé. Ester Felipe es la hermana de Liliana Felipe (la cantante argentino-mexicana), y su esposo Luis, que trabajaba como periodista en el canal de la Universidad Nacional de Córdoba, hijo del artista plástico del mismo nombre.
—¿Usted los vio?-, quiso saber el fiscal.
—Sí los ví y hablé con ella. Y fue muy terrible porque tenían una bebita muy chiquita (Paula Mónaco Felipe, quien sobrevivió y ahora ejerce el periodismo en México) y ella, Ester, me contó que tenía los pechos llenos de leche…
En este punto de su testimonio, Iliovich se envolvió en sus propios brazos y se permitió sollozar por breves instantes. «Mire… es de las cosas más terribles que me acuerdo porque después he tenido hijos y sé de qué se trata. Los mataron. A los dos los mataron”, denunció. La testigo anotó en su cuaderno que «fue en febrero de 1978». Hacía poco menos de un mes que Ester había dado a luz a su beba cuando los secuestraron.”
Quiero decirle a los lectores que este instante de lecturas se inició en el año 2020. Después de leer estos dos libros la única palabra que salía de mi boca era “coraje”. Le llamé a Ana Arzoumanian, todavía en pandemia, y le pedí que me acompañara en el homenaje que le íbamos a hacer a Ester. Ana aceptó y desde ese día somos amigas.
El 23 de marzo de 2022 con Ana y Silvana Pons, la directora del Colegio de Psicólogos, le hicimos el homenaje. Ese día su sobrina Camila Felipe cantó una zamba que hasta el día de hoy recuerdo. Todos nos emocionamos. Comparto aquí solo un fragmento de su estribillo:
“A nadie le gusta que te estés quedando sola,
son tristísimos tus vientos sin gorriones,
de tu silencio crece alguna margarita
para la niña bonita, para tu pueblo bonito.”


“Mundo”, cualquier habitante de Villa María diría: “esta ciudad es un mundo”. Me invitaron a una plaza de la ciudad donde hacíamos una vigilia por la llegada del 24 de marzo. Cuando bajamos del auto con mis amigas y mis compañeros había un micrófono abierto. Escuché y reconocí la voz de Laura. Recordé una casa azul, recordé que yo estuve en esa casa azul con mi hija de pequeña. Corrí a abrazar a Laura, yo no sabía que su apellido era Felipe. Era la sobrina de Ester. Nos conocimos con Laura porque sus hijos eran amigos de mis hijos en la escuela.
El año pasado escribí una nota de otro libro, Reflujo de Ernesto Espeche. Ese libro me trajo el valor del pañuelo blanco y el fémur de su padre. Fue secuestrado, torturado y encontraron sus restos en un pozo al que Ernesto descendió a buscarlo. Llamé a Ernesto y le pedí que viniera a Córdoba para presentar su libro. Lo presentamos con Ana Iliovich, y también se volvió mi amiga. Nos escribimos, nos vemos de vez en cuando, nos alentamos. Antes de presentar el libro Ana me contó que no podría verme porque iría a La Perla ( cabe aclarar que en esta crónica me refiero a La Perla, que es hoy un Espacio para la Memoria y que fue uno de los Centros Clandestinos de Detención y Exterminio más importantes que tuvo el país durante la última dictadura militar) a realizar el ritual de la Pachamama. Me habló de la tierra, del valor, de algo hermoso que podría pasar. No me olvidé jamás de ese “algo hermoso puede pasar”. En la marcha de este 24 de marzo, mi hija llevó colgada en su mochila la pancarta con la foto de Ester Felipe. Días antes de la marcha del 24 de marzo el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizo excavaciones en la zona de «Loma del Torito» comenzaron a realizar excavaciones cerca de la Perla, donde se creía que podían encontrar los restos de muchos compañeros secuestrados y desaparecidos. Pensé en Ester y en tantos más. El primer hallazgo fue de 12 identificaciones, recuperamos 12 nombres, la verdad quedó expuesta. El segundo hallazgo fue de 17 identidades. La directora del equipo Mariella Fumagalli, dijo en las entrevistas “Cada identificación es la evidencia material de un crimen y la respuesta a un pacto de silencio”.
El 9 de mayo de 2026 a las 20 hs leí que encontraron los restos de Ester y de Luis Mónaco juntos, en la fosa común, en Loma del torito. En unos minutos te vi sonriente en una foto por las redes, junto a Luis, y un poquito de justicia se asomó a este mundo.
Escribo este ensayo para que continuemos buscando a cada uno de los que nos faltan, para que sigamos escribiendo, marchando y leyendo.
Bibliografía.
Arzoumanian, A. (s. f.). La Jesenská. Paradiso Ediciones.
Espeche, E. (2025). Reflujo. Paradiso Ediciones.
Goethe, J. W. von. (s. f.). Fausto. Longseller.
Iliovich, A. (s. f.). El silencio: Postales de La Perla (2.ª ed.). Editorial Los Ríos.
Yael Noris Ferri
Escritora y psicoanalista. Es autora de la novela La torre de ángeles (Ediciones del Callejón). Coautora del libro Locura y creación (Xoroi Edicions). Publica diversos ensayos, artículos, reseñas que vinculan literatura /psicoanálisis en revistas especializadas y de cultura.
@yaelferri