El almacén de los sueños

Por Favio Lorenzin

Las puertas están abiertas, pase y mire, canjee o compre en el almacén de los sueños, fíjese cuántos hay en nuestras vidrieras y ni hablar de los que permanecen en nuestros estantes. 

Puede llevar dos pequeños sueños al precio de uno, o uno de los grandes para colocar como centro de mesa en su casa y luego usarlo de guarda todo, usted sabe, los adornos con forma de recipiente nunca están de más; hay sueños grises, azules, dulces sueños…  y hasta los sueños que sueños son, que están de oferta y forman parte de la promoción de esta semana, si compra uno, le regalamos otro de recuerdo… de esos que usted jamás olvidará.

Pase, pase y mídase uno, y si le queda grande,  piense que siempre habrá alguien que lo achica… además todo sueño en manos de algún hombre común encoge un poco… a no ser que usted sea un soñador. Pase, recibimos un sueño viejo como forma de pago, de hecho muchos de los que usted ve, son de segunda mano, es muy difícil conseguir uno propio, a la medida de las circunstancias. Me quedan en stock solo dos o tres sin uso, el resto en depósito, solo son sueños usados, gastados, vencidos y en mal estado, aunque los guardamos igual, uno nunca sabe cuándo puede venir un delirante en busca de ellos… pase, vamos, anímese a soñar.

Hasta el más cobarde ha sido un cliente ejemplar y ha pagado puntualmente con treinta lágrimas y veinte centavos por su nuevo sueño. Vamos llévese uno y pruebe, ya verá que volverá todos los días al almacén de los sueños. Los venderá, los canjeará por otros más alegres y coloridos, los comprará de a puñados o por kilo. Y quién le dice que con el tiempo los compre al por mayor. Así será usted parte de la industria… ¡Eso, decídalo, ponga ya su propio almacén! Firme aquí la hipoteca de su alma, sello y firma sobre su propia sentencia, todo por duplicado y sin carbónico. Recuerde que solo atendemos de día, la noche es peligrosa para andar por estos lados, déjenos en garantía la escritura de su dignidad y su honra. ¡Firme hombre! No sea utópico, que a los valientes nadie les cree en estos tiempos y mucho menos se los tiene en cuenta a la hora del reparto.

¡No lo piense! Imagínese su propio almacén lleno de niños y jóvenes silenciados, de hombres y mujeres vencidos ¡Una maravilla! Un negocio soñado…

Cuando llegue el día, y ojalá falte mucho para eso, usted, dejará este mundo sabiendo que vivió con los pies sobre la tierra, y nada de fantasías ni vuelo, ni esas cosas, usted fue un hombre concreto y decidido, eso dirán sus parientes y vecinos, qué honor será para todos, haber conocido a un ser de estos tiempos. Alguien que logró desterrar los ideales e imponer los sueños como un buen regalo de ocasión y en celofán; disculpe… no quisiera molestar ahora que usted es casi un colega, pero falta su firma aquí en el formulario gris que documenta su renuncia, sí éste, este mismo que  leerá en voz alta:

“Juro por otros a quienes amo, abandonar todo hábito que me transforme en un soñador. Prometo no buscar más allá de lo que puedo ver y jamás soñar despierto. Renuncio a abandonar toda empresa que no sea en su totalidad tangible y a mirar hacia atrás añorando mis ilusiones…”

Gracias, todo listo, abra sus puertas y cierre su corazón, guarde sus lágrimas en el cajón chiquito de la máquina registradora, uno nunca sabe cuándo hace falta dar un vuelto. Aquí la gente viene con sus billetes grandes e inocente impotencia, pero con nada de lágrimas, con ellas compran libros en el kiosco de la esquina. Vamos, bienvenidos. Entren, compren y conozcan. El almacén de los sueños abrió una nueva sucursal y ya nada en este barrio volverá a ser como antes, pasen y conozcan nuestro nuevo local, exclusivo para empresarios apurados, pobres sin futuro ni ilusión, derrotados y vencidos. Adelante, sin miedo atrévase a soñar…

Sí por favor, ¿cuántos lleva? Genial… bárbaro, en caja le cobran, sí allí, en ese rincón oscuro, no olvide llenar el cupón, todos los viernes hay sorteos a las cinco de la tarde, quién le dice que se lleva nuestro cajón de sueños archivados, no sabe qué lindos quedan guardados…

Gracias por su confianza, en efectivo, seguro nos vemos mañana, o pasado, o dentro de 10 minutos, bueno… en realidad todo depende de cuánto a usted le duren los sueños…

(Texto cedido por el autor y publicado originalmente en Conjugando las artes – 2005 – por Editorial Novelarte. Córdoba. Argentina)


Locutor, Psicoanalista. Docente invitado en la Facultad de Psicología UNC. Director de ELIC, Escuela de Locutores. Integrante del movimiento artístico “Los amorosos”.

@faviolorenzin 

Un comentario sobre “El almacén de los sueños”


  1. Se lo acabo de leer a mi mamá, de 90 años. Está internada en el Italiano. Y le dije Ma, cuál es tu sueño ? Salir de aquí me dice.
    Entonces la invite a seguir soñando que si puede superar esta situación!
    Fue muy conmovedor ver cómo estaba atenta al Escrito. Gracias querido Profe!

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